Predicar con el ejemplo, darles una paga, recompensarles por realizar ciertos ‘trabajos’ o concienciarles sobre el ahorro son algunas claves para inculcar ciertas conductas orientadas a educar a nuestros hijos en relación a la administración del dinero.

Si tu hijo o hija ha entrado ya en la fase de “quiero, quiero, quiero…”, quizá sea un buen momento para empezar a inculcarle el valor que queremos que otorgue al dinero.

A continuación, te damos algunas claves orientadas a la educación financiera de los más pequeños:

  1. Predicar con el ejemplo para ser su modelo de comportamiento
  2. Darle una paga o compensar económicamente su trabajo
  3. Dejar que se equivoquen y que aprendan de sus errores
  4. Concienciarles sobre el ahorro.

Ser su modelo de comportamiento

En primer lugar, debemos ser conscientes de qué ‘valor’ queremos que adopte nuestro pequeño respecto al dinero y actuar predicando con el ejemplo. Los niños son muy perceptivos y observan cómo sus mayores manejan el dinero, las compras, el gasto en ocio… Si a ello añadimos argumentaciones sobre por qué tomamos ciertas decisiones vinculadas al dinero -sencillas, en el supermercado, por ejemplo-, el niño asumirá el modelo de comportamiento.

En este sentido, que el niño observe que este mes ‘te privas’ de un capricho porque ha habido otros gastos prioritarios que atender, será una ‘lección’ sobre cómo sus referentes, sus padres, administran el dinero.

Darle una paga o compensar su trabajo

Asimismo, puede ser positivo que los niños ‘practiquen’ con su propio dinero de cara a que sepan manejar sus finanzas en el futuro. Así, darle una paga acorde a su edad puede ser un buen principio. Habrá que explicarle que con ese dinero debe hacer frente a ciertos gastos, como puede ser el bocadillo del recreo. Además, si le sobra dinero, podrá comprarse chuches o algún juguete que sea su objeto de deseo. Deberá elegir. Y cuando el objeto de deseo sea la bici, deberá ahorrar.

Para hacerles ver que ni el dinero (¡ni su paga!) caen del cielo, también puede ser positivo que esa asignación, o un extra a la misma, sea la contraprestación a un trabajo realizado. Es decir, el niño puede comenzar a ‘trabajar’, por ejemplo, asignándole ciertas responsabilidades en las tareas del hogar. Y llegados a la adolescencia, un trabajo de pocas horas o fines de semana, como pueden ser dar clases particulares o cuidar el jardín de los vecinos, también puede resultar positivo.

¡Y qué hay más divertido y efectivo que aprender jugando! Si eres de las que así opina, una buena opción es llevarle de vez en cuando a centros de ocio infantil como Micrópolix. Se trata de una ciudad para niños en la que deberán aprender un oficio y trabajar para ganar sus Eurix, moneda que podrán administrar y gastar como consideren en actividades de ocio.

Que aprendan de sus errores

Si creemos que se equivocan al tomar ciertas decisiones al administrar ‘su’ dinero, debemos dejar que se equivoquen y aprendan de sus errores. Así, aprenderán a tomar elecciones distintas en el futuro para que no les pase lo mismo. ¡Quedarse un fin de semana sin ir al cine porque ya no les queda paga puede ser una buena lección para el futuro!

Concienciarles sobre el ahorro

Si nuestra experiencia vital nos ha llevado a considerar el ahorro un valor importante, seguramente queramos que nuestros hijos lo asuman. Para que interioricen este valor, suele ser útil establecer objetivos que tengan que ver con el ahorro. Es decir, que esa bici de la que hablábamos antes no sea un regalo que traen los Reyes Magos, sino que sea algo que el niño obtiene ahorrando para ello.

Para motivarles y que no desistan en el empeño, podemos ayudarles a calcular cuánto tiempo necesitarán ahorrar para conseguir ese objetivo que se han marcado, así, cada vez que el niño guarde el dinero en la hucha, sentirá que está más cerca del objetivo. En este sentido, la hucha también desempeña un papel fundamental. Hacer que el niño vea que hay un lugar donde se guarda su dinero y esfuerzo, tangibiliza el concepto de ahorro.

Así que los niños tomen decisiones sobre cómo gastarán su dinero y vean las consecuencias que su conducta puede tener, puede resultar positivo. En este punto, debemos tratar de enseñarles la diferencia entre lo que ‘se necesita’ y lo que ‘se quiere’. Esto les ayudará a establecer prioridades y elaborar sus propios presupuestos.

Así, si te preocupa la estabilidad económica de tus hijos, enséñales a gestionar el dinero tal como lo harías tú misma. Y si te preocupa su estabilidad en caso de que a ti te ocurriese algo que afectase a la economía familiar y a su futuro (incapacidad, fallecimiento…), plantéate la posibilidad de contratar un seguro de vida como Tu Vida, el seguro que cuida de lo los tuyos, quienes, seguro, son lo más importante de tu vida.

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