Mantener niveles normales de tensión arterial es importante para disfrutar de un buen estado físico. Constituye un factor clave para reducir el riesgo de enfermedades y accidentes cardiovasculares.

Pero ¿qué es la tensión arterial? La tensión arterial se define como la cantidad de presión que se ejerce en las paredes de las arterias al desplazarse la sangre por ellas. Es muy conveniente tomarse periódicamente la tensión para ver si nos movemos en los valores correctos. La automedición es la opción más cómoda y nos permite llevar un control de nuestra tensión sin necesidad de acudir al médico o la farmacia. Solo necesitas un tensiómetro y seguir una serie de pautas para asegurarnos de que las medidas son correctas.

Según la OMS, los niveles normales de tensión arterial en adultos son de 120 mm Hg1 cuando el corazón late (tensión sistólica) y de 80 mm Hg cuando el corazón se relaja (tensión diastólica). Cuando la tensión sistólica es igual o superior a 140 mm Hg y/o la tensión diastólica es igual o superior a 90 mm Hg, la tensión arterial se considera alta o elevada. La mayoría de las personas con hipertensión no muestra ningún síntoma, por lo tanto, si nuestros valores de tensión no entran dentro de los parámetros normales, en primer lugar, debemos acudir al médico. Él determinará el tratamiento que hemos de recibir y nos dará algunas pautas para abordar el problema.

Además, existen actividades físicas que contribuyen a equilibrar estos valores. A continuación, compartimos contigo algunas recomendaciones.

En el caso de hipertensión…

Según la Fundación Española del Corazón, actividades como caminar, bailar, correr, nadar y montar en bicicleta son beneficiosas para disminuir los valores de tensión arterial.Lo ideal es realizar alguno de estos ejercicios entre 30 y 60 minutos al día y, al menos, entre tres y cinco días por semana.

Si se realizan bien estos ejercicios, se pueden llegar a reducir los niveles de tensión hasta situarlos dentro de valores normales. Incluso, aunque la reducción de valores resulte pequeña, puede ser suficiente para rebajar de forma significativa el riesgo de accidentes cerebrovasculares e infartos de miocardio.

Estos ejercicios físicos contribuyen a un mejor funcionamiento del corazón, con la reducción del número de latidos por minuto, con la mejora de su contracción y con el desarrollo de nuevas arterias.

No obstante, se deben tomar algunas precauciones a la hora de iniciarse en la práctica de ejercicios físicos. Antes de iniciar ningún programa de actividad física, es conveniente consultar con el médico. Según los niveles de tensión, puede ser conveniente establecer medidas adicionales, tales como limitar el consumo de sal o tomar algún tipo de medicación. Dado que, durante la práctica de ejercicio, la tensión puede elevarse, quizá el doctor considere conveniente disminuir primero los valores de tensión.

 

En el caso de hipotensión…

En el caso de tensión baja, practicar ejercicios de resistencia, como puede ser el running, mejora la hipotensión, pues el corazón se fortalece y la circulación se activa.

Running, natación, ciclismo o actividades aeróbicas estabilizan la presión arterial al aumentar el rendimiento cardíaco. Si se practica de forma regular, el aumento de las pulsaciones mitigará los mareos propios de la hipotensión. En cuanto a la rutina, lo ideal es practicar estas actividades entre tres y cinco veces por semana con sesiones de 30 a 60 minutos, vigilando siempre la hidratación y siguiendo un plan personalizado.

Algunas recomendaciones a la hora de embarcarse en la práctica de estos ejercicios en caso de ser hipotensos, el hacer un buen calentamiento, pues permite iniciar el ejercicio de forma progresiva, ya que aumenta la presión arterial y la circulación de la sangre hacia los músculos de forma escalonada. Del mismo modo, para evitar mareos, es conveniente evitar cambios posturales bruscos y posturas con la cabeza por debajo del nivel corazón, sobre todo cuando las temperaturas son muy elevadas. Por último, al igual que con el calentamiento, resulta conveniente no finalizar la práctica de ejercicio de forma radical. Una parada brusca puede provocar un desvanecimiento y calambres musculares. Lo ideal es dedicar unos diez minutos a realizar estiramientos y permitir que el ritmo cardíaco disminuya a ritmo lento. Asimismo, es recomendable consultar con un médico para que evalúe nuestra situación particular.

 

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