Hoy celebramos el Día de los Enamorados, fecha especial para muchas parejas, pero también, aunque en otro sentido, para quienes en su momento sintieron la flecha de Cupido pero que, por cuestiones del destino, vieron esa flecha partirse en dos.

Y es que el día de hoy supone un día de recuerdo ciertamente amargo para algunas de nosotras. Porque los aniversarios que nos traen a la memoria el recuerdo de quienes ya no están con nosotros, resultan, en muchas ocasiones, un tanto agridulces.

Algunas de vosotras nos habéis contado vuestra experiencia en este sentido. Unas experiencias de las que extraemos muchas lecciones de superación. Una superación que va más allá de dejar atrás el duelo. Una superación que supone afrontar los baches que en ocasiones nos pone la vida sin el apoyo, sin el soporte, de un compañero de viaje.

Para Inés, perder al que llevaba siendo su marido tres años, pero compañero desde hacía siete, supuso “el ‘palo’ más duro que me ha dado la vida”, asegura. “Al principio, no lo acepté. Estuve bastante tiempo despertando por las mañana pensando que todo había sido una pesadilla”, nos cuenta, “pero peor que una pesadilla era darme cuenta de que no, que era la cruda realidad”. Fueron unos tiempos duros para Inés, quien nos explica que “no solo sentía ‘lástima’ por mí, sino también por mis hijas, que iban a crecer sin un padre. De hecho, Ágata, la más pequeña, no tendría ni siquiera un recuerdo de él”.

Y al dolor por esa ausencia ‘espiritual’ del padre de sus hijas se le unió la preocupación por el futuro de las pequeñas. “Mi padre había fallecido y mi madre solo tenía como ingresos una pensión que no llegaba a los 700 euros”, nos explica Inés, que continúa: “Aunque mis suegros desde el primer momento se volcaron con las niñas, en todos los planos, tanto el afectivo como el económico, tampoco son ‘gente de posibles’, por lo que a mi dolor se añadió la preocupación de ¿y a si a mí me ocurriese algo?”.

Según nos cuenta Inés, ese sentimiento de angustia se hizo aún más agudo que el de duelo, pues “llegué a obsesionarme con la muerte”, nos relata. “Había visto que era posible, que le puede ocurrir a cualquiera en cualquier momento y tuve, incluso, que pedir ayuda médica”.

No obstante, Inés, poco a poco, fue superando ese dolor. “Acudir a terapia me ayudó mucho. No solo a desahogarme”, asegura, “sino también a establecer pautas de comportamiento y acciones que me ayudaron a ‘aliviar’ esa preocupación”. En relación al futuro de Gema y Ágata, “dejé atado y bien atado” quién se haría cargo de ellas en caso de que a ella le ocurriese algo. Asimismo, respecto al futuro económico de las pequeñas, “me asesoré para tratar de garantizar cierta ‘holgura’ hasta que fueran mayores. Lo que más me preocupaba es que si ellas tomaran la decisión de estudiar, pudieran hacerlo”.

Según Inés, rebajar ese nivel de estrés le ayudó no solo a sentirse mejor, sino a estar más fuerte “para luchar por quienes más me importan”.

En Tu Vida On aplaudimos la fuerza con la que Inés afrontó su ‘nueva vida’ y animamos a todas las mujeres que se encuentren en una situación similar a hacer frente a las circunstancias de modo tan ejemplar. En muchas ocasiones, hay ciertos sentimientos que no solo nos angustian, sino que nos impiden seguir adelante. Para ponerles freno, debemos tomar medidas. Porque estas existen.

En este sentido, si el futuro de las personas que más te importan te preocupa a ese nivel, quizá sea el momento de asegurar su futuro, al menos, económico. Un seguro de vida puede ser una buena opción. Ejemplo de ello es el seguro de vida para mujeres Tu Vida, que además de garantizar un capital asegurado en caso de fallecimiento o incapacidad, ofrece coberturas adicionales de asistencia a los tuyos en caso de que no puedas darles la atención que se merecen. ¡Pon freno a las preocupaciones!

 

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