Cuando tienes hijos conoces el amor verdadero. La entrega por ellos es diaria y no hay nada que no se pueda superar si la finalidad es su bienestar y felicidad. Es en la paternidad cuando se valora el esfuerzo y la dedicación que tuvieron nuestros padres, llegando a comprender sus actos y decisiones.

Siguiendo los pasos de nuestros mayores

¿Te has sorprendido repitiendo las mismas frases que tus padres? ¿Ahora sientes su mismo miedo y preocupaciones? Cuidar y educar a un hijo no es tarea sencilla, pero recordar cómo te criaron ayuda en gran medida.

Hay recuerdos que todavía crean sonrisas. No les importó dejar de lado otras tareas para atender tus necesidades y estar contigo. Su mundo: su hijo. La protección y el cuidado pasaron a ser sus objetivos.

Cuando se da una negativa como respuesta, se comprende los motivos que llevaron a los padres a decir que no. Lo que en su día supuso un cabreo con ellos, ahora es comprensión y entendimiento. A pesar de todo, en alguna ocasión cedían ante las peticiones y permitían que sus hijos tuvieran su capricho puntual.

A nuestros hijos les queremos transmitir la experiencia vivida y evitar que cometan los mismos errores. Pero no hay que olvidar que las caídas son necesarias para aprender. A veces las cosas no salen como se desean, pero los padres deben transmitir la paciencia necesaria para esperar y serenarse. Para obtener lo que se ambiciona hay que esforzarse.

Educar a los hijos con los mismos valores que los padres

Comprendiste que tus actos tienen consecuencias, tanto positivas como negativas, y eres el responsable. Tu hijo debe aprender lo mismo que tú de tus padres: a tener la humildad suficiente para aceptar los errores.

Hay que cuidar la autoestima de los niños para que se valoren y se acepten tal y como son. Es la piedra fundamental para aprender a ponerse en el lugar del otro, es decir, para tener una empatía esencial para la convivencia.

Queremos que nuestros hijos sean felices y amen la vida, alejados de los problemas y sacando provecho de cada instante. No hay que olvidar que es lo mismo que quisieron y quieren tus padres para ti. Nunca es tarde para agradecérselo.

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