Muchas de nosotras, en algún momento, nos hemos visto, o nos veremos, en la situación de valorar si nuestros mayores estarían mejor en una residencia. Si ahora mismo te encuentras en esa tesitura y buscas información al respecto, ¡no te pierdas este post!

La vida pasa… Pero no solo para nosotras. También para nuestros padres. Seguro que recuerdas con cariño los cuidados que te han dado a lo largo de la vida y, quizá, haya llegado el momento de devolvérselos.

Para muchas, antes o después, llega una difícil decisión en este sentido. Cuando los años producen ciertos achaques en nuestros mayores, llega el momento en que debemos decidir a qué apoyo acudir para asegurar que nuestros mayores tienen el cuidado que se merecen. Y, en muchas ocasiones, debemos recurrir a residencias, bien porque no tenemos la capacidad de proporcionarles los cuidados necesarios en casa, bien por recomendación médica.

En una residencia geriátrica, los ancianos viven de forma temporal o permanente. Suelen acudir a ellas cuando padecen cierto grado de dependencia y demandan atención de terceras personas en su rutina diaria.

Este tipo de centros ofrece a sus residentes una serie de servicios tales como atención sanitaria, atención psicosocial, rehabilitación, terapia ocupacional o cuidados personales. Además, en casos de dependencia, profesionales gerontológicos velan por el bienestar de estas personas.

Además, las residencias suponen un espacio de integración social con el resto de residentes, evitando así la soledad que en muchos casos les acompaña a medida que pasan los años y aumenta su dependencia. Asimismo, en estos centros se suelen realizar actividades socioculturales para aumentar este grado de integración.

Si hemos tomado la decisión de que nuestro padre o nuestra madre se traslade a una residencia, seguro que surgen dudas… Lo primero que debemos hacer es asegurarnos de que todas las residencias que barajamos cuentan con personal profesional y cualificado, y que cuenta con todos los avales.

La segunda pregunta que nos surge es ¿a qué tipo de residencia acudo? Existen residencias públicas, privadas y concertadas. Aquí un factor determinante será la situación financiera familiar.También deberemos conocer cuáles son los requisitos que establecen las distintas comunidades autónomas para ingresar en un centro.

En caso de optar a una plaza en una residencia pública, estos son los pasos que deberíamos dar:
1. Pedir cita con un trabajador social del centro de servicios sociales más cercano.

2. Solicitar la valoración del grado de dependencia. Según esta valoración, nuestro mayor tendrá derecho a recursos como ayuda a domicilio, centro de estancias diurnas, prestación económica para cuidador no profesional y también para plaza pública de residencia.

Esto, a rasgos generales, pues, como comentábamos anteriormente, las comunidades autónomas tienen transferidas las competencias de Servicios Sociales, por lo que puede haber ciertas diferencias entre unas comunidades y otras.

En este sentido, los documentos necesarios para llevar a cabo esta gestión suelen ser fotocopia del DNI, fotocopia de la cartilla sanitaria, certificado de empadronamiento, cumplimentar la solicitud de valoración de dependencia.

3. Visita en el domicilio. El siguiente paso es esperar a que nos llamen para concertar una cita en el domicilio con el valorador. Asimismo, un trabajador social acudirá también a casa para realizar una encuesta sobre las capacidades físicas y cognitivas del anciano.

4. Carta de reconocimiento del nivel de dependencia. Tras lo anterior, lo Servicios Sociales emitirán una carta en la que se reconoce o no el grado de dependencia, así como su grado y nivel en caso de que este exista.

5. Nueva cita con el trabajador social. En ella nos explicarán el contenido de la carta y, según el grado de dependencia reconocido, los recursos y prestaciones que podemos solicitar.

6. Solicitud de plaza en la residencia. Se podrá realizar si, como mínimo, nuestro mayor tiene un grado 2 de dependencia. La solicitud deberá hacerse de la mano del trabajador social.

7. Prestación vinculada al servicio. Si la necesidad de plaza es muy urgente, podemos buscar una plaza privada y solicitar la denominada prestación vinculada al servicio, que consiste en un ingreso mensual como ayuda para pagar dicha plaza de residencia privada. En este caso, nos pedirán los datos de nuestra cuenta bancaria, así como firmar un escrito en el que aseguramos que no poseemos más bienes inmuebles que nuestra vivienda.

8. Asignación de plaza pública. Seguramente haya que esperar unos meses, salvo en los casos de grado 3 de dependencia en los que el trámite se suele agilizar. La plaza puede ser concedida en la localidad de residencia o a un radio de 50 kilómetros de la misma.

En cuanto a las residencias privadas, el factor económico familiar es determinante, pues, por ejemplo, en una gran ciudad, el coste mensual suele oscilar entre los 1.500 y los 2.500 euros. En ciudades más pequeñas, el precio suele ser algo inferior.

Una opción intermedia es optar por una residencia concertada, en las que una parte del coste es asumido por el residente o sus familiares y la otra, los la Administración. La cuantía asumida por esta última dependerá de la comunidad autónoma en la que nos encontremos.

La elección de residencia puede constituir una difícil decisión, en la que probablemente nos encontremos en algún momento. Esperamos que esta información te sea de utilidad si te encuentras en esta situación. Y si tus padres aún viven contigo, valora la posibilidad de contratar un seguro que les preste asistencia en caso de que tú no puedas dársela. El seguro de vida Tu Vida contempla este tipo de coberturas. Un seguro de vida para mujeres que quieren devolver a los suyos toda la atención que han recibido.

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