Seguro que hace un mes andabas con la lista de buenos propósitos para este nuevo año. Y seguro que hacer algo más de ejercicio era uno de ellos. Y, siendo sincera… ya sobrepasado el ecuador del mes de enero, ¿estás cumpliendo con el propósito?

Para Marta, ese buen propósito que se marcaba todos los años, año tras año era relegado por lo que ahora considera “meras excusas”. ‘No tengo tiempo, ‘estoy cansada’, ‘hace demasiado frío’… solían ser pretextos a los que Marta se aferraba para no sentirse tan culpable por no cumplir con ese objetivo. Y así estuvo año tras año durante casi una década. ¡Hasta el año pasado!

En enero de 2018, Marta decidió ‘volver a intentarlo’, pero de otra manera. “¡A ver si así surtía más efecto!”, asegura. ¿Qué hizo Marta? A continuación, nos  cuenta su pequeña gran historia de superación personal.

“Lo primero que hice fue analizar qué es lo que me había llevado a ‘fracasar’ en mis anteriores intentos. Lo pensé, y una de las cosas que creo que me inducía a abandonar era la falta de constancia. ¿Y por qué esa falta de constancia? Para otras parcelas de la vida si algo me caracterizaba era lo contrario, la constancia. Si me ponía como objetivo salir tres días a la semana a correr, resulta que el primero sí lo hacía y, digamos, ‘lo daba todo’. Con el consecuente agotamiento y fatiga, no solo física, sino también mental, pues al día siguiente, solo pensar que en otras 24 horas tenía que volver a calzarme las zapatillas me producía no solo pereza, también agobio”.

“Así, el año pasado decidí empezar con menos ímpetu. Comencé, más que corriendo, andando rápido, sin sobrepasar mi límite. Con ello, no solo ‘podía con mi cuerpo’ al día siguiente, sino que, mentalmente, sentía cierto orgullo de mí misma y no me parecía un horror tener que volver calzarme las deportivas.”

“Así, poco a poco, fui aumentando el ritmo. La siguiente semana, alternaba ratitos corriendo y ratitos andando a paso ligero. Y en las semanas siguientes, comprobé que los ratos de carrera superaban en tiempo a los paseos. Y ello, casi sin darme cuenta”.

“En cuanto a la ‘agenda’ de running… Mi objetivo era salir tres días en semana. Pero no empecé tan fuerte. Durante aproximadamente el primer mes salí dos días en semana. Luego, ya me animé a ir a por los tres. Y hoy día, dependiendo de la semana, ¡salgo a correr hasta cuatro! Llega un momento que hasta el cuerpo te lo pide. ¡Es verdad aquello de que se liberan tensiones!”.

“Y un último truco que me vino muy bien para evitar las odiosas agujetas, que nos puede parecer una tontería, pero que en mi caso fue clave, es el hecho de calentar. Hacer unos estiramientos antes y después de correr. Según me aconsejaron en su momento, esto es fundamental, ya que cuando corres, tus músculos se contraen miles de veces, lo que lleva a que, al terminar la sesión de running, el músculo sea más corto debido a las contracciones. El estiramiento hace que el músculo vuelva a su posición natural”.

¡Buenos consejos los aportados por Marta! De hecho, profesionales del mundo del deporte coinciden con ella en este tipo de recomendaciones. Y es que pasar de un alto grado de sedentarismo a la práctica de cualquier tipo de ejercicio físico más o menos intenso, entraña una serie de riesgos para la salud y la integridad física.

Tenemos que tener presente que, si nuestro cuerpo no está acostumbrado a moverse, seguro que ha perdido no solo fuerza, sino también coordinación, equilibrio, velocidad, reflejos… Lesiones en las articulaciones o roturas musculares son algunos males que nos pueden sobrevenir al pasar de una vida sedentaria a realizar actividad física. Para prevenirlo… ¡no pases de cero a cien! Antes de practicar ejercicio, selecciona uno que resulte adecuado y practícalo con una intensidad adecuada. Además, antes de sumergirnos en la actividad, conviene un periodo de preparación, de entrenamiento, para recobrar algo de fuerza, ejercitando los músculos. Asimismo, conviene realizar un entrenamiento aeróbico (bici, elíptica, trote…). Y no olvidemos nunca calentar y estirar.

Del mismo modo, tengamos en cuenta que en todo deporte, también en el running, el corazón es un factor determinante. Si bien, la práctica de deporte es beneficiosa para nuestro corazón, si padecemos alguna dolencia cardiovascular, la actividad física puede entrañar riesgos. En estos casos, existen deportes que han de descartarse de plano, tal es el caso de los deportes de contacto entre quienes tienen prótesis valvulares, por ejemplo. En el caso del running, para que nuestro sistema cardiovascular no sufra, la Fundación Española del Corazón recomienda “comenzar por andar e ir mejorando marcas progresivamente hasta poder pasar de andar a trotar”.

A ello, desde Tu Vida On, añadimos la conveniencia de someternos a un chequeo médico e informar al doctor acerca de nuestra intención de comenzar cualquier rutina deportiva. Asegúrate de que este año cumples con este buen propósito y… con todos los que te marques. ¡Pero ten en cuenta los riesgos! Si el riesgo es algo que te preocupa, sobre todo en temas de bienestar físico, valora la posibilidad de contratar un seguro de vida. Existen seguros que, además, ofrecen coberturas adicionales de asistencia a los tuyos en caso de que un accidente o una hospitalización te impida cuidar de ellos como se merecen. El seguro Tu Vida es uno de ellos. ¡Te invitamos a que lo conozcas!

 

 

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