Seguro que muchas de vosotras conocisteis los beneficios del contacto con animales de la mano de “El hombre que susurraba a los caballos”. Y es que incluir a los animales en procesos de aprendizaje tiene muchos beneficios para nuestros pequeños, tanto a nivel físico como psíquico, y más aún cuando los niños requieren educación especial.

 La educación con animales tiene por objetivo que los niños aprendan a través del juego, para lo que durante el proceso de aprendizaje se implica al animal, que actúa como un elemento que potencia dicho aprendizaje.

Esta ayuda de los animales tiene ventajas tales como que aceleran el aprendizaje y la gestión de las emociones, potencian la verbalización, contribuye a mejorar la empatía y el autoconocimiento, ayuda a combatir la ansiedad ante situaciones de estrés, a potenciar y canalizar la atención, favorece la integración social y la extrapolación de lo aprendido y, además, aumenta la motivación y la memoria.

Según Ana Rodríguez Benito, Experto Universitario en Inteligencia Emocional, estas ventajas se dan, sobre todo, con los perros. Para Rodríguez Benito, proyectos de este estilo se pueden aplicar en diversos campos, desde ciencias naturales hasta lenguaje, pasando por la higiene o la expresión artística.

Para llevar a cabo estas sesiones, estas han de estructurarse en tres fases:

> Conexión: donde se llevan a cabo las actividades de relax y asamblea.

> Juego: trabajo específico.

> Desconexión: cierre de la actividad, seguido de relax.

En el siguiente vídeo Ana Rodríguez nos explica cómo hacerlo, deteniéndose sobre todo en la fase del juego y destacando cómo, con la ayuda de los animales, se incrementan todas las ventajas de los juegos aplicadas a la educación. Se produce con ello una potenciación de la creatividad, se facilita el juego compartido, se mejora la psicomotricidad, se incrementa la capacidad de concentración y de atención, se estimula la memoria visual, se facilita la comprensión y el razonamiento espacial y se desarrolla la capacidad de análisis y de síntesis.

Si el empleo de estas técnicas es positivo entre todo tipo de niños, más aún lo es entre los que requieren educación especial, sobre todo, ante problemas enmarcados en el espectro del autismo, la parálisis cerebral, el síndrome de Down, la hiperactividad o los trastornos de atención y de conducta, entre otros.

Y es que las terapias con animales, como complemento de las tradicionales, ayuda a niños y adultos con enfermedades y discapacidades a aumentar su felicidad y relajación, mejora su autoestima y les ayuda a reducir el estrés. La interacción con animales resulta especialmente beneficiosa para niños con problemas de movilidad y discapacidades sensoriales y cognitivas, pues les ayuda a superar sus limitaciones y a mejorar su integración, favoreciendo su socialización y reduciendo su estrés.

Para niños con autismo, síndrome de Down o parálisis cerebral, terapias, especialmente con caballos, resultan muy beneficiosas tanto a nivel físico como psíquico y social.

En el caso de niños con hiperactividad y trastornos de atención y de conducta, el vínculo que se establece con los animales aumenta su motivación y capacidad de atención. Les calma, reduciendo su impulsividad. Además, mejoran su autoestima y confianza en sí mismos.

En general, el contacto con animales aumenta la sensación de tranquilidad y relax, reduciéndose la presión sanguínea y el ritmo cardíaco.

 

 

 

 

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