El rendimiento escolar ha sido materia de investigación durante años. Y es que el gran desafío de la educación ha sido y sigue siendo transformar toda la información que se imparte en conocimiento personal para desenvolverse en con eficacia en la vida. Siendo un factor tan determinante para el desarrollo personal, no es de extrañar que a los padres nos preocupe cuando nuestros hijos no están trayendo a casa los resultados esperados. Pero ¡que no cunda le pánico! Mejorar el rendimiento escolar es posible si abordamos la situación de la forma adecuada. Involucración, motivación y refuerzo son las claves que señalan los expertos para conducir hacia el éxito.

Llega el fin del curso escolar. Y con él, las notas. Para algunos pequeños y padres, motivo de alegría: el reconocimiento a un año de esfuerzo. Pero para otros, motivo de disgusto… Y es que un bajo rendimiento de nuestros pequeños es una cosa que nos suele preocupar. Antes de comenzar, cabe recordar que un bajo rendimiento escolar no significa que un alumno tenga menos aptitudes. No siempre un “mal estudiante” está caracterizado por falta de capacidades. Las razones de este rendimiento pueden ser variadas.

Según la mayoría de los especialistas en rendimiento escolar, para que nuestros hijos mejoren sus resultados académicos, debemos acompañarles en el proceso, alentando su autoestima y reforzando sus capacidades. Debemos motivarles e incentivarles, involucrarnos con su progreso. Que se crean capaces de lograr el objetivo, no solo de aprobar, sino incluso, de obtener buenas calificaciones.

Para ello, según apuntan algunos estudios, es importante detectar la situación a tiempo. Una detección temprana es clave. En primer lugar, debemos analizar las causas. En la mayoría de los casos, en la causa real de un bajo rendimiento académico pueden intervenir multitud de variables. Cierta ansiedad, no dormir bien, trastornos de aprendizaje o problemas en casa o en el entorno escolar pueden ser la causa. Importante, identificar qué circunstancia es la causante y a partir de ahí, acompañar a nuestro hijo en el proceso de convertir el fracaso en éxito.

Rubén Edel Navarro, en su trabajo “El rendimiento académico: concepto, investigación y desarrollo”, apunta a la importancia de distinguir entre la habilidad y el esfuerzo demostrado por el niño. Para el experto en desarrollo e innovación educativa, aunque los profesores suelen valorar el esfuerzo sobre la habilidad, el niño suele preferir destacar por sus habilidades, para ser reconocido por los demás como ‘capaz’ y reforzar su autoestima. ¿Y qué ocurre cuando el niño se esfuerza, pero los resultados no son los esperados? Esto puede llegar a afectar su autoestima. “Lo intento, pero no llego”.

Por ello, durante el camino es recomendable ir de la mano de sus profesores, incluso, si es necesario, de profesionales del mundo de la pedagogía o de la psicología. Tengamos en cuenta que abordar de forma correcta la situación es importante para el correcto desarrollo personal, emocional y social de los más pequeños. ¡Y para su futuro!

Y a la hora de poner soluciones, expertos en educación señalan que:

  • Reforcemos positivamente sus progresos y éxitos: Este refuerzo positivo mejorará la percepción propia del niño y reducirá la aparición de ansiedad durante el proceso de aprendizaje.
  • Es importante crearles hábito de estudio. A edad cuanto más temprana, mejor. Que dediquen un tiempo al día a hacer alguna tarea. No tiene porqué llevarles demasiado tiempo, pero el tiempo que empleen en ella debe ser efectivo. Una tarea que les interese, así no lo verán como algo aburrido o como un castigo.
  • Si se cansan antes de terminar, no les riñas. Motívales para que continúen ayudándoles a concluirla. La motivación es esencial. Hagámosles ver que son capaces, el valor del esfuerzo y la satisfacción que les reportará el haber hecho las cosas bien. Y evitemos siempre que sientan sensación de fracaso.
  • Creemos metas realistas. Muchas veces la ansiedad aparece durante el aprendizaje, dificultado este proceso. Expertos como Anita Woofolk, recomienda el uso de gráficas de avance para la planificación de metas. Así podrá ser consciente de su progreso y reducirá su ansiedad ante el aprendizaje de nuevos contenidos.
  • Cuidemos el ambiente en el que se desenvuelven. Un entorno feliz, sin conflictos ni malestar emocional. No pintarles la vida de color de rosa, pero sí ayudarles a superar los problemas que se les planteen de forma constructiva.

Así, vayamos de la mano con ellos durante el proceso. Formemos parte de su éxito.

 

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