Al no saber expresarse de otra manera, los más pequeños de la casa transmiten su enfado y rabia a través del llanto, del grito y del pataleo. Puede resultar muy difícil aprender a manejar su frustración, pero es posible hacerlo y conocer los motivos por los que tienen una rabieta.

Es entre los 2 y los 4 años cuando las rabietas se producen con mayor asiduidad. No es extraño que ocurra varias veces al día y la rabia puede durar hasta media hora.

¿Se puede evitar?

Para prevenir su aparición, se debe enseñar al pequeño a aceptar la frustración de que no todo es como desea. Por ejemplo, si se le prohíbe hacer una actividad o comer un producto en especial, debe hacerse con mucho tacto. Si la única respuesta posible del niño es el llanto, no se estarán impidiendo las rabietas.

Una vida ordenada y con ciertas rutinas ayuda a evitar que el niño o niña acumule rabia. De igual modo, también debe tener tiempo para estar tranquilo y jugar libremente.

Muchos momentos de ira son evitables si se eluden situaciones extremas. Por ejemplo, si está cansado y con sueño, no se le debe forzar a que realice alguna actividad.

Otra forma de evitar una demostración de furia es distrayendo al pequeño con algo que le apasione. Por ejemplo, si se le está diciendo que se baje del sofá y está cerca de una rabieta, se le dice que puede jugar con su juguete favorito.

¿Y si hacen una rabieta en público?

En primer lugar, no es el momento propicio para dialogar. Mientras el hijo o la hija expresa su ira, es mejor ignorar y no discutir porque puede ser la causa de que los padres también acaben gritando y causando un mayor estado de nerviosismo.

Si se produce en un sitio público, es aconsejable alejarle de la gente y cambiar el entorno en el que se encuentra.

No se debe ceder ante la rabieta cuando se ha calmado. Hacerlo sería darle un motivo para volver a mostrar su ira llorando y pataleando y conseguir así todo lo que desea. A modo de ejemplo, si desea una bolsa de chucherías, no hay que terminar comprándosela.

Una vez relajado, es conveniente hablar mirando a los ojos mientras se le coge las manos. El tono de la voz será cariñoso y el pequeño debe sentirse ante todo querido.

La actitud de los padres debe ser paciente, calmada y segura. Si no se es firme ante las rabietas, se estará consiguiendo que se produzcan más veces y de manera repetitiva a lo largo de un mismo día. Hay que hacerle ver que no es la solución.

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