Si tienes un niño que muestra altas capacidades, tan importante es atender a sus necesidades intelectuales como a las emocionales. Evitar que se sienta un ‘bicho raro’ está en tus manos y no es tan complicado como parece. Haz que tenga seguridad y autoestima, ayúdale a comunicar sus sentimientos y fomentar su sentido del humor.

Es conveniente estar al tanto del rendimiento escolar de nuestros hijos, tanto si necesitan apoyo para mejorar como si lo que necesitan es ayuda para gestionar alguna capacidad extra que los haga sentir diferentes a sus compañeros de clase.

¿Tienes un hijo con altas capacidades? En ese caso, seguro que tienes claro que atender a sus necesidades intelectuales es muy importante. Pero no lo es más que prestar atención a su desarrollo emocional.

Si tu hijo demuestra una inteligencia superior a la media, probablemente pueda sentir que no encaja en su entorno. Según expone Pilar Martín Lobo, Doctora en Psicología, Neuropsicología y Aprendizaje, Talento y Dificultades del Aprendizaje por la Universidad Complutense de Madrid, en su libro “Niños inteligentes”, los niños que llamamos ‘superdotados’ suelen aburrirse en clase, no encajar con sus compañeros de clase, se sienten incomprendidos, suelen aislarse en su habitación…

La clave para que esto no ocurra es atender a su desarrollo emocional. Hemos de vigilar que no se produzca una disincronía entre ese desarrollo intelectual y el emocional.

> Autoestima y seguridad personal

Tener autoestima significa estar a gusto con nosotros mismos, con lo que pensamos, con los que hacemos… Según Martín Lobo, representa “el conjunto de condiciones personales por las que somos capaces de enfrentarnos a los problemas y de actuar con seguridad”.

El “niño inteligente” necesita y espera recibir una orientación sobre cómo encauzar sus capacidades extra, para sentirse útil y para ayudar a los demás. Eso es lo que le hará feliz y le proporcionará un sentimiento de seguridad en sí mismo. De este modo, debemos guiarle.

Para ello, hemos de potenciar sus capacidades y reconocer su talento, teniendo siempre en cuenta sus características emocionales:

– Viven con mucha intensidad sus sentimientos y emociones

– Su involucración es alta

– Se preocupan por temas sociales y morales

Y es que, como apunta la doctora, los “niños inteligentes” son muy sensibles a captar rápidamente cualquier circunstancia o situación que pueda darse en casa, en el colegio…, cuando para otras personas son imperceptibles. Además, lo viven intensamente y se involucran. De este modo, orientémosles ante los acontecimientos. Si lo hacemos bien, disfrutarán intensamente y de forma implicada ante las cosas que ocurren.

> Comunicación de los sentimientos

La comunicación es muy importante para el desarrollo de la personalidad. En el caso de los “niños inteligentes”, incluso, lo es más, dada la intensidad de sus sentimientos. Para ello, los padres deben establecer cauces de comunicación acordes a ese nivel e intensidad. Para ello debemos:

– Escuchar de forma atenta.

– Reconocer y aceptar los sentimientos, y nunca negarlos.

– Expresar los sentimientos con buen tono, sin herir.

– Promover que el niño resuelva el conflicto, para que adquiera criterio y autodominio

> Sentido del humor

Los “niños inteligentes” suelen tener bastante sentido del humor, pero muchas veces, este no es entendido, por ejemplo, por sus compañeros. Además, dada su capacidad para captar información del entorno, les es fácil captar lo humorístico de ciertas situaciones y manifestarlo con espontaneidad.

Debemos tener en cuenta su sentido del humor y seguir sus bromas, tratando de facilitar su relación con los demás y la aceptación de estos. En ese sentido, según Martín Lobo, si se actúa con una visión positiva, la convivencia resulta amable y enriquecedora. Y es que, el sentido del humor y el optimismo es lo que nos permite sentir y actuar con ilusión.

Así, hemos de fomentar que el “niño inteligente” desarrolle el sentido del humor, siempre en términos oportunos. ¿Cómo? Enseñándoles a reírse de ellos mismos y a no tomar demasiado en serio los acontecimientos.

La autora afirma que el sentido del humor es un sentimiento positivo que favorece la madurez personal y, en el caso de “niños inteligentes”, favorece el encauzamiento de forma positiva de la gran cantidad de información que captan de su alrededor.

Y es que con sentido del humor, el miedo, la vergüenza y la inseguridad desaparecen. La risa incrementa la autoestima, con un par de carcajadas lo malo ya no nos parece tan malo, y nos sentimos más fuertes para afrontar cualquier cosa. Porque, en definitiva, lo más inteligente es sentirse bien con uno mismo.

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